Se vende alebrije
Se vende alebrije, su nombre es Brendonia,
un poco desorientado, todo lo demás en buenas condiciones, soporta cualquier
clima, fríos acuchilladores o calores extremos, arena o hielo, no requiere
ningún lujo, es adaptable a cualquier sitio y horario. Sus pies pequeños gustan
de caminar por largo rato, escuchando caleidoscopios musicales, manos con dedos
que desmoronan azúcar, quesos fuertes y chocolate amargo. Lleva una brújula
calibrada a la aventura y pláticas estereofónicas bajo Orión, Casiopea o Tauro,
muslos para viajes largos en carreteras inhóspitas, playas lejanas y
campamentos en bosques profundos; lo cual hace que su cuerpo sea resistente
para deportes extremos, tornados, caídas, aguas furiosas, trenes desbocados y tablas
en mares un poquito alebrestados, por eso lleva su piel de diversos colores y
tonos de morado, sobre su piel va cargando un poco de art nouveau, pero no se
preocupe, dichos colores van acompañados de otros adornos los cuales a veces puede
tomar prestados. Al beber café su cuerpo se puede volver de madera, una
guitarra flamenca cubierta de plumas rosas aterciopeladas; festivas, alegres y
desordenadas, se van desprendiendo mientras camina, observándolo todo y
admirando cada detalle y color a su paso, son estos los momentos cuando su
alebrije puede entrar a su cocina y preparar toda clase de platillos para usted,
mientras le habla de historia y le grazna alegres canciones en idiomas raros de
sitios muy apartados.
Solo hay que tener un pequeño cuidado,
porque a veces, según la hora, el día o la estación del año, sus plumas transmutan
casi sin darse cuenta hasta volverse negras, un color a medio tornasolado,
entonces camina despacio y de su boca salen ritmos de notas góticas, tonadas de
compositores muy tristes y muy rusos, junto con algún que otro poema de Baudelaire
o Rimbaud, en esos momentos deja de parlotear y habla poco, pero no se
preocupe, no dura mucho, disfrute su momento de calma, háblele, su Brendonia lo
escuchara con atención y gusto, o le narrará de películas mudas, de fotos en
blanco y negro y de castillos lejanos. Y si tardara un poco más en ese estado,
no hay nada que no se arregle aventándolo al mar, en el caso de que este no se tuviera
cerca, tan solo arrójele unos puños de sal y expóngalo al sol un rato, ninguna
cosa que no se componga lavándole los oídos con jabón espumoso de café y
poniéndole a escuchar un par de guitarras manouche, bossa y trompetas de jazz con
ritmo sincopado, mientras su alebrije recuperado lo lleva a tocar la lisura de
sus piedras mayas, le teje sombreros, bufandas o zapatos, le da mimos a su
perro mientras le enseña a bailar flamenco, le busca nuevos nombres a su gato,
le lima las uñas cantando un tango y ordena alegremente su cuarto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario